martes, 30 de septiembre de 2014

Sorpresa en clase de Reading

La profe de Reading es una respetable señora de mi edad, anglosajona, más bien seria y que viste discretamente como una ama de casa americana cualquiera. Sin embargo es la que más alegrías nos está proporcionando en sus clases. Ya conté el tema de la primera -el adulterio- pero luego han seguido otras dedicadas a los eufemismos, gracias a las cuáles he aprendido -y olvidado enseguida- a decir puta o vete a la mierda de maneras más o menos admisibles.

Hoy hemos leído un documentado artículo de The Guardian sobre la urgente necesidad de introducir masivamente los insectos en la alimentación de la humanidad. Tienen más proteínas y menos grasas que otros animales, su cultivo no perjudica al medio ambiente como lo hace, por ejemplo, el de las vacas, y potencialmente son inextinguibles.

Después de realizar unos prolijos ejercicios para aprender los términos ingleses de todo tipo de gusanos, larvas y mariposas, llega la sorpresa: Darlene -nuestra profe- saca de su bolso de la compra unas cajitas que nos reparte y nos invita a abrir. ¡Son gusanos secos perfumados con salsa barbacoa! 



 Risas nerviosas y algún gesto de asco. Bastante gente se niega a probarlos. En mi mesa -dos chinos, una coreana, una japonesa, una peruana y myself- tan sólo la japonesa y yo nos lanzamos a ello. Curioso, dado que la leyenda urbana atribuye a los chinos la familiaridad con este tipo de comida. Quizás por eso mismo lo rechazan. Ellos sabrán…

Son pequeñitos -del tamaño de una anguila- y muy crujientes. Analizando los datos que vienen en el envoltorio, resulta que su contenido en grasas es el doble del de proteínas, contrariamente a las pretendidas bondades que narra el artículo. La cuestión está que, al añadirles salsa barbacoa, devienen  tan comida basura como cualquier otro snack.  Eso sí, consiguen que el sabor de estos gusanos sea muy parecido al de nuestros populares gusanitos.

Para terminar, Darlene saca del bolso una piruleta que rifa entre el público. Ahora sí que agradecí que no me tocara: dentro del transparente caramelo se veía ¡un escorpión!  





domingo, 21 de septiembre de 2014

Memoria histórica: reconocer y reparar

El otro día apareció una noticia muy curiosa en el Ubyssey, el periódico de la UBC. Un octogenario canadiense-japonés, Henry Sugiyama, médico jubilado, había recibido meses antes la aceptación para entrar a estudiar en la Universidad de British Columbia… 70 años después de que él enviara la solicitud  y hubiera sido rechazada.

Después de la segunda guerra mundial, la UBC cerró la entrada de japoneses a sus aulas, incluso de los que llevaban años viviendo y estudiando en Vancouver  como el señor Sugiyama. Éste, afortunadamente,  pudo entrar en otra universidad canadiense donde estudió medicina.

La aceptación que Sugiyama ha recibido recientemente de la UBC no se trata de un traspapele administrativo. Se debe a que la Universidad está revisando sus políticas discriminatorias del pasado e intentando repararlas, aunque sea simbólicamente. Sugiyama, a sus 87 años,  ha aceptado acudir a un también simbólico primer día de clase.

No parece esto ser un caso aislado en Canadá. En 2006 el gobierno pidió perdón al pueblo chino por la conducta discriminatoria que mantuvo entre 1885 y 1923. En 1881 entraron miles de chinos en Canadá para construir el ferrocarril que uniría ambos lados del país. En esa durísima obra murieron muchos de ellos. Pero una vez terminada, el gobierno canadiense puso trabas a las inmigración china, con impuestos especiales, por lo que muchos de ellos tuvieron que regresar a China o quedaron dramáticamente separados de sus familias. En 2006 al fin se reconoció este error y se ofrecieron compensaciones económicas a las familias que se vieron perjudicadas.

Casi igualito que nuestro actual gobierno y las víctimas del franquismo, ¿no?





Cantando en el Women´s Choir

He empezado los ensayos con el Women´s Choir de la Universidad de British Columbia.

Somos más de 50 mujeres, con una gran presencia, como siempre en Vancouver, de asiáticas. El coro está organizado por la School of Music, por lo que muchas de mis compañeras reciben los correspondientes créditos en sus carreras.  Todas muy jóvenes, tan sólo otra mujer mayor que es, casualidades, ¡profesora de de Matemáticas! Hay un nivelazo. Muchas son estudiantes de canto o de otros instrumentos y todas saben solfeo. Algunas chinas cantan ópera ¡china!

Los primeros ensayos han tenido una parte un poco tediosa, precisamente debido al aspecto académico de la cuestión: tenían que explicar lo de los créditos, las normas de evaluación etc. De momento estamos con Taylor Bone -una energética Teacher Assistant que nos dirige a la vez que toca el piano. Su misión es de preparadora vocal y para desbravar un poco las obras, a la espera del director oficial que es el profesor Graeme Langager.

De momento hemos ensayado unas cuantas melancólicas canciones del renacimiento inglés muy hermosas y algún negro espiritual. Me encuentro cantando entre ángeles celestiales, es una preciosidad la frescura de sus voces. Tenemos un concierto el 24 de Octubre, pero no sabemos aún sobre qué.

El primer día de ensayo, al terminar, se me acercó una muchacha china -segundo curso de ingeniería informática, 6 años de canto-.  Lo que voy a contar puede sonar a auto-halago, aunque no es más que una consecuencia de lo mayor que me estoy haciendo: la chiquita me confesó su admiración porque yo mantuviera a mis años la pasión y la disciplina por cantar. Que era para ella -como dicen mucho los angloparlantes- "una inspiración". Que ella querría ser así también de mayor. Luego, en un plano más humano, me dijo que llevaba más de un año sin ver a su familia, y que se había pasado llorando los primeros meses en Vancouver. Y que si yo no añoraba España.

Al volver a casa, tarde, había un chico tocando el piano en East Mall. Me paré un rato a escucharle. No recuerdo muy bien cómo es la sensación de libertad, pero en esos momentos la sentí muy cerca.


domingo, 7 de septiembre de 2014

El primer día de clase hablamos de adulterio

La semana pasada comencé un nuevo curso de inglés, esta vez de dos meses. Tengo tres clases diarias de 1h 40min cada una, con 10 minutos de intervalo,  más la consabida pausa para el lunch. Total, un palizón! En cada clase tengo profe y compañeros distintos, aunque algunos coinciden.

Me he sorprendido a mí misma organizando cuidadosamente el cuaderno de clase - como cuando era profe, me encantaba- escogiendo bolis y lápices y dejando  la mochila preparada antes de acostarme.

Mis classmates son más variados que en el curso de julio. En cuanto a la edad -aunque siguen siendo muy jóvenes en general- pero sobre todo en cuanto a procedencia. Han disminuido los coreanos -ahora hay muchísimos japoneses- pero aumentan los  chinos, hispanos y árabes. Tengo una compañera española, otra peruana y un israelí. Los japos, especialmente las chicas, son supermodernas, unas en plan manga y otras etéreas y elegantísimas. Resulta que el español está de moda en Japón, por lo que todas tienen mucho interés en hablar conmigo (fuera del recinto de la escuela, dentro tenemos la política de only english). También me solicitan mucho los estudiantes mayores (Gay, ruso-israelí y Necki, china) que se encuentran cual pulpo en garaje entre tanta gente joven y buscan desesperadamente a alguien a la hora del lunch



Pues hete aquí que en la primera clase formal del curso -Reading- y después de las reglamentarias actividades de presentación, la profesora nos propone el tema a debatir: "¿Qué puede hacer una mujer si su marido comete adulterio?" Yo, la verdad, me quedé estupefacta. Que en un sitio tan políticamente correcto como la UBC, y sabiendo que hay estudiantes en cuyos países el adulterio es un delito grave y mucho más si la adúltera es una mujer, propongan de entrada el susodicho tema.


En el grupo donde debíamos cambiar las primeras impresiones -un muchacho japonés y una muchacha china bastante jóvenes, además de yo misma- no entendían demasiado bien qué era eso del adulterio. Se lo expliqué lo mejor que pude (¿?), y al final convinimos que lo mejor era que lo hablaran entre las personas implicadas a ver qué solución podía darse según las circunstancias del caso.

En el resto de los grupos hubo otras opiniones: desde enfocarlo como delito -el grupo donde estaba Alamoud, muchacha qatarí- hasta pedir fulminantemente el divorcio.

En fin, un poco fuerte para empezar ¿no? Esto promete.






  











miércoles, 3 de septiembre de 2014

Te tomas un café y lo pagas con VISA

Desde que llegué he tenido muy poca necesidad de manejar dinero. Todo se puede pagar con VISA, aunque sean céntimos, salvo las lavadoras comunitarias del edificio en que vivo y las taquillas de la piscina, que funcionan con monedas. ¡Ah! Y tampoco admiten tarjetas los rancios de la granja de la UBC,  tan ecologistas ellos, con la de papel que se gasta en los billetes.

Tal es así, que hasta hace poco no me he dado cuenta de que algunos billetes tienen una zona transparente muy curiosa.

Y los loony -monedas de 1 dólar, así llamadas por el pato que hay en una de sus caras- son polígonos de once lados. Disculpad la intrusión profesional, pero me ha extrañado porque esta figura no es frecuente ni fácil de construir. Hay varios métodos para hacerlo pero, en ningún caso, la construcción resulta exacta, es decir, no todos los lados y los ángulos son iguales entre sí (dedicado a mis amigas Pepa, Ángela y Paloma, con las que tanto sabemos de estos temas). 

Le he preguntado a Google y, de entre las varias monedas poligonales que hay por el mundo - de 12 lados en Paraguay y Paquistán, de 10 en Colombia y Egipto, de 7 en México, de 4 en India y hasta 3D en la desgraciada Somalia- tan sólo tienen once lados algunas series de la República Dominicana además de ésta canadiense.

Una última reflexión profesional. Cuando desaparezca el dinero físico -que está al caer-, ¿por qué sustituirán los profes de matemáticas los típicos problemas de resta tipo "si pagas una compra de 7,20 € con un billete de 10 €, cuánto tienen que devolverte" y cosas así




martes, 2 de septiembre de 2014

De nuevo a clase


Hoy ha hecho un día de mierda. Ha llovido hasta bien entrada la tarde. Y han empezado las clases en la UBC, las mías incluidas. 

Esta mañana, como ayer, se notaba una animación especial en el campus. Grupos de freshmen -estudiantes de primer año-, guiados en general por otro estudiante voluntario y llevando carteles cuyo significado se me escapa, se dirigían al War Memorial Centre, donde parece ser que alguien les iba a dar un speech de bienvenida.

En mi escuela el público ha cambiado. Aunque sigue habiendo muchos asiáticos, hay mayor proporción de árabes y latinos. Se ve también a gente mayor. Estos primeros días nos van clasificando por niveles y hasta el jueves o viernes no estaremos en el grupo definitivo. Espero que sea tan encantador como el que tuve el mes de julio.

Al terminar me pasé por la School of Music, donde una profesora me hizo una prueba para entrar en alguno de los coros de la UBC.   Me pidió que cantara algo, así, de sopetón, y me arranqué con "Tres morillas me enamoran en Jaen". Después tuve que hacer gorgoritos varios para que calibrara mi oído y mi  tesitura, con el resultado previsto: contralto 2ª (para los/as no músicos/as os diré que esto no es peyorativo).  Después del primer día de clase estaba cansada y sin comer, pero no me salió nada mal la prueba.  ¡Admitida en el selecto Women´s Choir!, con el que -presuntamente- tendremos un concierto a finales de octubre.

A la salida me topé con la feria. Todo Main Mall con tenderetes de los infinitos clubs de la UBC, que, luchando con la lluvia y los paraguas, y con los panfletos deshechos por la humedad, intentaban ligarse a los nuevos estudiantes. 


Los clubs son de lo más variopinto: deportivos, musicales, étnicos… y una gran presencia de los religiosos de todo pelaje. El más kitch: el católico, con una silueta del Papa para hacerte una foto con él!



El atardecer ha dejado un espectáculo precioso, con las nubes levantándose y nada menos que dos arco-iris, que anuncian buen tiempo para el resto de la semana!


lunes, 1 de septiembre de 2014

Llega la marabunta!

Hoy, 1 de Septiembre, es el Labour Day, mucha fiesta aquí. Pero mañana empiezan las clases regulares en la UBC. ¡Incluyendo las mías!

Estos dos últimos días todo es un ir y venir de coches abarrotados de trastos, estudiantes de primer año -freshmen, acompañados de sus padres- que arrastran maletas, y tiendas llenas de jóvenes  comprando perchas y detergente. 












Los bares, obviamente, les dan la bienvenida.

La fisonomía del campus ha cambiado. Más multirracial que en los mese de verano -donde la población era principalmente asiática-ahora se ven muchos WASPs. negros y de otras etnias. 

Nos hemos sentado a media tarde en la terraza del Mahoney and Sons a ver pasar (a?) la gente y cucear un rato; notabas que, como ocurre también en España, la mezcla étnica en un mismo grupo de amigos es rara. Me gustó ver la carilla de algun@s novat@s  que miraban con curiosidad y prevención a su alrededor. Por primera vez he visto controlar la entrada en el Pub a menores de 19 años, para lo que les piden ¡dos documentos identificativos con foto!

Comienza a haber tímidos botellones y el campus está mucho más sucio. Vamos, la vuelta a la normalidad después de estos idílicos meses sin un papel en el suelo.

La guinda la ha puesto Mr. Reece Iskin, general manager o encargado del edificio donde vivo. Es un señor que da mucha conversación, aunque está siempre contra mundum. Ahora no le parece bien que a su "feudo" -sin ser apartamentos de lujo, sí son de un cierto "standing"- estén llegando estudiantes. Esta tarde coincidimos abajo con una mudanza, controlada muy de cerca por Mr. Iskin. Mirando con un aire mezcla de pena y superioridad moral al pobre estudiante que acarreaba cajas, murmuró en voz alta buscando nuestra complicidad: "Es que hay demasiado dinero". Y puntualizó: "De los padres, claro"