Desde que llegué he tenido muy poca necesidad de manejar dinero. Todo se puede pagar con VISA, aunque sean céntimos, salvo las lavadoras comunitarias del edificio en que vivo y las taquillas de la piscina, que funcionan con monedas. ¡Ah! Y tampoco admiten tarjetas los rancios de la granja de la UBC, tan ecologistas ellos, con la de papel que se gasta en los billetes.
Tal es así, que hasta hace poco no me he dado cuenta de que algunos billetes tienen una zona transparente muy curiosa.
Y los loony -monedas de 1 dólar, así llamadas por el pato que hay en una de sus caras- son polígonos de once lados. Disculpad la intrusión profesional, pero me ha extrañado porque esta figura no es frecuente ni fácil de construir. Hay varios métodos para hacerlo pero, en ningún caso, la construcción resulta exacta, es decir, no todos los lados y los ángulos son iguales entre sí (dedicado a mis amigas Pepa, Ángela y Paloma, con las que tanto sabemos de estos temas).
Le he preguntado a Google y, de entre las varias monedas poligonales que hay por el mundo - de 12 lados en Paraguay y Paquistán, de 10 en Colombia y Egipto, de 7 en México, de 4 en India y hasta 3D en la desgraciada Somalia- tan sólo tienen once lados algunas series de la República Dominicana además de ésta canadiense.
Una última reflexión profesional. Cuando desaparezca el dinero físico -que está al caer-, ¿por qué sustituirán los profes de matemáticas los típicos problemas de resta tipo "si pagas una compra de 7,20 € con un billete de 10 €, cuánto tienen que devolverte" y cosas así?
Una última reflexión profesional. Cuando desaparezca el dinero físico -que está al caer-, ¿por qué sustituirán los profes de matemáticas los típicos problemas de resta tipo "si pagas una compra de 7,20 € con un billete de 10 €, cuánto tienen que devolverte" y cosas así?
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