domingo, 7 de septiembre de 2014

El primer día de clase hablamos de adulterio

La semana pasada comencé un nuevo curso de inglés, esta vez de dos meses. Tengo tres clases diarias de 1h 40min cada una, con 10 minutos de intervalo,  más la consabida pausa para el lunch. Total, un palizón! En cada clase tengo profe y compañeros distintos, aunque algunos coinciden.

Me he sorprendido a mí misma organizando cuidadosamente el cuaderno de clase - como cuando era profe, me encantaba- escogiendo bolis y lápices y dejando  la mochila preparada antes de acostarme.

Mis classmates son más variados que en el curso de julio. En cuanto a la edad -aunque siguen siendo muy jóvenes en general- pero sobre todo en cuanto a procedencia. Han disminuido los coreanos -ahora hay muchísimos japoneses- pero aumentan los  chinos, hispanos y árabes. Tengo una compañera española, otra peruana y un israelí. Los japos, especialmente las chicas, son supermodernas, unas en plan manga y otras etéreas y elegantísimas. Resulta que el español está de moda en Japón, por lo que todas tienen mucho interés en hablar conmigo (fuera del recinto de la escuela, dentro tenemos la política de only english). También me solicitan mucho los estudiantes mayores (Gay, ruso-israelí y Necki, china) que se encuentran cual pulpo en garaje entre tanta gente joven y buscan desesperadamente a alguien a la hora del lunch



Pues hete aquí que en la primera clase formal del curso -Reading- y después de las reglamentarias actividades de presentación, la profesora nos propone el tema a debatir: "¿Qué puede hacer una mujer si su marido comete adulterio?" Yo, la verdad, me quedé estupefacta. Que en un sitio tan políticamente correcto como la UBC, y sabiendo que hay estudiantes en cuyos países el adulterio es un delito grave y mucho más si la adúltera es una mujer, propongan de entrada el susodicho tema.


En el grupo donde debíamos cambiar las primeras impresiones -un muchacho japonés y una muchacha china bastante jóvenes, además de yo misma- no entendían demasiado bien qué era eso del adulterio. Se lo expliqué lo mejor que pude (¿?), y al final convinimos que lo mejor era que lo hablaran entre las personas implicadas a ver qué solución podía darse según las circunstancias del caso.

En el resto de los grupos hubo otras opiniones: desde enfocarlo como delito -el grupo donde estaba Alamoud, muchacha qatarí- hasta pedir fulminantemente el divorcio.

En fin, un poco fuerte para empezar ¿no? Esto promete.






  











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