La profe de Reading es una respetable señora de mi edad, anglosajona, más bien seria y que viste discretamente como una ama de casa americana cualquiera. Sin embargo es la que más alegrías nos está proporcionando en sus clases. Ya conté el tema de la primera -el adulterio- pero luego han seguido otras dedicadas a los eufemismos, gracias a las cuáles he aprendido -y olvidado enseguida- a decir puta o vete a la mierda de maneras más o menos admisibles.
Hoy hemos leído un documentado artículo de The Guardian sobre la urgente necesidad de introducir masivamente los insectos en la alimentación de la humanidad. Tienen más proteínas y menos grasas que otros animales, su cultivo no perjudica al medio ambiente como lo hace, por ejemplo, el de las vacas, y potencialmente son inextinguibles.
Después de realizar unos prolijos ejercicios para aprender los términos ingleses de todo tipo de gusanos, larvas y mariposas, llega la sorpresa: Darlene -nuestra profe- saca de su bolso de la compra unas cajitas que nos reparte y nos invita a abrir. ¡Son gusanos secos perfumados con salsa barbacoa!
Risas nerviosas y algún gesto de asco. Bastante gente se niega a probarlos. En mi mesa -dos chinos, una coreana, una japonesa, una peruana y myself- tan sólo la japonesa y yo nos lanzamos a ello. Curioso, dado que la leyenda urbana atribuye a los chinos la familiaridad con este tipo de comida. Quizás por eso mismo lo rechazan. Ellos sabrán…
Son pequeñitos -del tamaño de una anguila- y muy crujientes. Analizando los datos que vienen en el envoltorio, resulta que su contenido en grasas es el doble del de proteínas, contrariamente a las pretendidas bondades que narra el artículo. La cuestión está que, al añadirles salsa barbacoa, devienen tan comida basura como cualquier otro snack. Eso sí, consiguen que el sabor de estos gusanos sea muy parecido al de nuestros populares gusanitos.
Para terminar, Darlene saca del bolso una piruleta que rifa entre el público. Ahora sí que agradecí que no me tocara: dentro del transparente caramelo se veía ¡un escorpión!
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