Las normas de tráfico en Canadá son un poco confusas. Por ejemplo, en un cruce de calles sin semáforos, es posible casi siempre hacer cualquier giro, con lo que el lío de quién lo hace primero está garantizado.Yo, al menos, nunca sé muy bien cuál es mi turno. Gracias a la proverbial pachorra de los canadienses, que no se enfadan ni pitan, las cosas van saliendo.
En las carreteras hay avisos de que pueden aparecer en cualquier momento animales, y quizás eso explique que en una autopista fantástica de tres carriles en cada sentido sólo puedas ir a 80. Nos hemos cruzado con muflones y coyotes, amén de animalillos pequeños.
Otra cuestión es qué hacer cuando te internas por un bosque donde la wildlife campa por su respetos. Y cuando se dice wildlife, el referente mítico es, cómo no, el oso.
Una de las normas a seguir en caso de encuentro es que dejes al oso una vía de salida. Supongo que en las escuelas canadienses se estudiará, en la asignatura de Conocimiento del Medio o similar, cuál es la ruta de salida apropiada para el oso, y toda la población lo tendrá muy asumido. Pero yo, en mi deambular por esos caminos, por ejemplo yendo cuesta arriba y al lado de un lago, me preguntaba qué preferiría hacer el oso en caso de aparición: echarse al agua, rodar hacia abajo, trepar a un árbol… Y por tanto, hacia dónde le debería yo ceder el paso.
Otra vez el mismo problema que en los cruces de carreteras. Pero me temo que en este caso el oso canadiense y el canadiense humano no tienen la misma pachorra.
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