Empiezan a circular los autobuses a partir de las seis. Me pregunto quien vendrá a trabajar tan temprano ahora que aún no han comenzado las clases regulares. Despegan los hidroaviones que van de VCV a Victoria o a una de las muchas islas que hay en la bahía. Les veo despegar sobre los árboles.
cristal. Me encanta mezclar los cereales con pipas de girasol o calabaza, semillitas de amapola, sésamo como en el cuento, fruta seca… Y ponerle después leche de coco, o de almendra... El cruce cultural de VCV se nota sobre todo en la cocina, y esos ingredientes que a mi me parecían exóticos están en cualquier tiendecita de barrio como la nuestra.
Me permito que pasen despacio esas primeras horas del día, y ya no siento la angustia que tenía en Madrid cuando cada mañana me enfrentaba a la agenda, bien por vacía, bien por demasiado repleta de cosas que en general me parecían prescindibles. Ahora, si hay algo que hacer -clases, compromisos sociales, compras...-, estupendo. Si no hay nada previsto salgo a deambular por el campus y alrededores. Pero eso es otra historia.
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