jueves, 14 de agosto de 2014

Música en el campus (4)


Me siento feliz en las bibliotecas y, en general, en cualquier lugar tranquilo y lleno de papelotes que despierten mi curiosidad. En eso no he cambiado desde niña aunque ahora, casualmente, hace meses que he dejado de leer.

Enseguida me atrajeron las maravillosas bibliotecas de la UBC. Maravillosas no es una exageración. Además de su contenido y de su arquitectura, son lugares accesibles donde nadie te pide nada para entrar, donde (casi) todos los fondos están al alcance de la mano sin tener que rellenar horribles fichas de préstamo… Con amables empleadas que te ayudan si se lo pides. Con infinitos rincones y salas para leer, estudiar, comer, no hacer nada y hasta dormir. 

¿Necesitaba yo un pretexto para husmear en ellas? Pues lo encontré. He ido varias veces a la I.K. Barber Library, donde están los fondos de música de la UBC, y me estoy dedicando a ver partituras corales para voces femeninas. Poco a poco, y a base de ensayo y error,  me voy haciendo con el espacio virtual -la base de datos- y con el físico -los casi dos kilómetros de estanterías que ocuparían, puestas en fila, las partituras-. Será casualidad, pero el registro M1600, asignado a obras singulares para coro de mujeres, ocupa estantes a ras del suelo, lo que no hace especialmente cómoda su consulta.


Vamos, que se me van las horas mirando músicas, algunas tan modernas que ni me imagino cómo pueden sonar. Feliz. 


 














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