domingo, 26 de octubre de 2014

Diego el Cigala y el poder de la palabra

Un día de mierda, lloviendo a cántaros, bueno para estar encerrada en casa todo el día. A la 8, concierto de Diego el Cigala en el Chan Centre, aquí en el campus. Después de un curto de hora de trayecto, llegamos empapados a pesar de los paraguas.

No cabía un alfiler en el Chan. Mucho público latino, aunque también canadiense.  Diego es una fuerza de la naturaleza, y pedazo de músicos la gente que traía con él: piano, bajo, guitarra eléctrica y percusión. El flamenco se mezcla con ritmos cubanos y argentinos, boleros y cumbias,  con una notable influencia jazzística. Temas nuevos -para mí- y otros bien conocidos.   

Diego canta que lo borda, pero además dice muy bien el texto. Las palabras suenan claras y enhebradas en su boca, y esto hizo que me sintiera muy feliz.  Llevo meses en un país donde, salvo en el reducto de mi Instituto donde los profesores hablan extremadamente bien, nunca acabas de entender totalmente a tus interlocutores. Ni en la tele, ni en el súper, mi a mi acelerada directora del Women´s Choir. También es frustrante no poder expresar lo que piensas o sientes, que suele ser bastante (mi hijo Andrés me tacha de "excesiva").

Durante el concierto miraba a mis vecinos canadienses,  compadeciéndoles por lo que se estaban perdiendo por no saber castellano. 

El Cigala me ha devuelto el poder de la palabra. Gracias!

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