martes, 28 de octubre de 2014

Seguridad, sexo y vida universitaria

En el campus de la UBC, en un Canadá donde nunca pasa nada, me ha extrañado ver carteles como estos:



La AMS -Alma Mater Society, el sindicato de estudiantes-, ofrece un servicio de acompañamiento para andar por el campus a horas intempestivas. Llamas, o te acercas a un Hub, y te viene a buscar una pareja -chico y chica- que te acompaña hasta tu destino.  Parece que ha habido los cursos pasados algún tipo de agresión en la calle -en general de tipo sexual- que se intentan paliar con estas y otras medidas.

También preocupa al equipo rectoral y a las organizaciones de estudiantes la creciente utilización de date rape drugs, sustancias que se añaden a la bebida o comida de la persona con la que se pretende mantener relaciones sexuales, y que facilitan la falta de consciencia y posterior olvido por parte de la víctima. Quizás estoy un poco fuera de juego en este tema, y pensaba que eran mitos de mi juventud las famosas pastillas que te podían poner en la bebida para después utilizarte sexualmente. Pero parece que, al menos aquí, están a la orden del día.

Cuando dices NO de algún modo, es que estás diciendo NO
En las universidades norteamericanas es una norma habitual que todos los estudiantes pasen al menos su primer año en residencias o apartamentos dentro del campus. Por tanto, las expansiones sexuales de la post-adolescencia están a la orden del día y se ven como algo natural. Pero se considera sexual assault a toda relación no consentida de un modo muy explícito, como explica sugerentemente este cartel del grupo feminista de la Universidad Simon Fraser. Y se hacen  campañas a favor del otorgamiento de este acuerdo. 

Podían ir tomando nota nuestras autoridades académicas de cómo dar un enfoque a la educación sexual -si tal cosa existe aún- más allá de la descripción anatómica y fisiológica del sexo. 











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