martes, 14 de octubre de 2014

Hoy he comido en Modesto y estoy durmiendo en Mariposa

Lo más interesante del viaje a Yosemite Park desde San Francisco ha sido justamente eso, el viaje.  Lo más cerca que he podido llegar -hasta ahora- a mi sueño de recorrer pequeñas carreteras americanas con el codo asomando fuera de la ventanilla del coche. Vamos, lo que leí en las novelas de Kerouak.

El azar y la hora de comer nos hizo entrar en Modesto. Un nombre absurdo para una especie de poblachón manchego con unos 200.000 habitantes, articulado en una cuadrícula perfecta. El nombre "Modesto" tiene su origen en el prócer de turno del XIX al que se le invitó a dar su nombre a la ciudad; él, "modestamente", declinó. Pues hale, con Modesto se quedó el poblachón.

Comimos lo que nos dieron en el bar de unos simpáticos muchachos, en la desolada zona  que puede considerarse el centro de la ciudad.  Paseando después, llegamos al Museo local,  y me picó la curiosidad de ver cómo están montados estos museos americanos.

Ante la puerta, una mujer relativamente joven montada en bicicleta nos abordó para contarnos entusiasmada las bondades del Museo de su ciudad. Nos preguntó de dónde veníamos y, ante nuestra repuesta, se echó a reír abiertamente: ¿Sois españoles? ¿Y cómo habéis aterrizado aquí en Modesto?

Aquí los Museos son Museos históricos, y reservan la denominación "Galerías de Arte" para nuestros pinacotecas. El Museo estaba casi vacío, y en su mayor parte atendido -muy bien- por encantadores voluntarios. Recreaba los orígenes de la ciudad, al pairo, como tantas otras, de la fiebre del oro.  Pude recordar los escenarios que hemos visto tantas veces en los Westerns: el Saloon, la oficina del Sheriff, la barbería… Me resultaba tan próximo que me contagié de la emoción de nuestra interlocutora. Estos yankees tienen un pasado de poco más de dos siglos, pero lo cuidan lo ponen en valor como no hacemos en España. Hasta había una cocina años 60 con un gran frigorífico de esos redondeados...

Una avería en cadena de mis aparatos electrónicos me impidió tomar demasiadas fotos, pero me dio la oportunidad de deambular por Modesto en busca de una tienda donde reponer existencias. Fue duro, pero al final acabas encontrando vida humana en forma de pequeños centros comerciales.

Llegamos a dormir a Mariposa, un pequeño pueblo que dan acceso al Yosemite Park. Motel de los de aparcar el coche a la puerta de la habitación.
También lleno de historia relacionada con la fiebre del oro,  y que cuida con mimo de su "heritage". Es en sí un pueblo del Oeste.

Y una pequeña sorpresa: detrás del motel estaba el cementerio del pueblo. Es la primera vez que veo un cementerio en Canadá o en USA. Muy antiguo, con tumbas de los pioneros. Pero lo más curioso era la extensa parte dedicada  los masones, con la lápida de estas probablemente hermanas mellizas o gemelas en la se ven los símbolos de la masonería.  Me he quedado con ganas de saber más de esa peripecia.
Me estaré reconciliando con los yankees?







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