miércoles, 29 de octubre de 2014

Relato para mí misma

Llevamos unos días tristones. Lloviendo casi siempre, el fresco se empieza a notar y desde la casa -siempre silenciosa- se escucha el sonido del viento. El otoño avanza, le empiezo a ver las orejas al lobo y percibo que mi lugar ya no es éste.

En muchos cruces te recuerdan los puntos cardinales 
Y antes de que el recuerdo caiga en la neblina, me quiero decir a mí misma qué me ha fascinado de este sitio. No vaya a ocurrir como en esos enamoramientos fugaces de los que, cuando ya han pasado, apenas recuerdas el motivo.

Aquí todos los caminos son abiertos; entras en cualquier vericueto y siempre puedes salir sin retroceder. Puedes ir de una calle a otra atravesando transparentes edificios. Siempre ve cielo y horizonte. Te puedes perder pero, si quieres, sabes donde estás. 

Flota un cierto aire de irrealidad en el ambiente. Quizás porque en el campus se mezclan modestos edificios antiguos -o simulando que lo son, desde luego nunca anteriores a 1915- con otros ultramodernos despampanantes

Mathematics Building

Audian Art Centre, West Mall con University Blv.



















Y siempre te encuentras alguna sorpresa. Todos los días, hasta el último día. Hoy ha sido una escultura sobre la Tierra y ayer un mural alegórico de los saberes
Mosaicos de Lyonel Thomas en Brook Hall

School of Hearth Sciences
























Y, desde luego, rinconcitos apacibles donde pasear, tumbarte a la bartola o tomarte un café.





















El motto de la UBC es A place of mind. Y es cierto que se percibe sabiduría cuando pasas por los grandes edificios de investigación médica o científica, siempre transparentes, y dónde ves a la gente trabajar incansablemente.  Las bibliotecas son un lujo. Hay muchas, al menos cada facultad tiene la suya, pero las más grandes son la Koerner y la Barber Libraries, una enfrente de otra en Main Mall. En la última me he pasado las horas muertas buscando música. Nadie te pregunta nada, ni pasas por arcos de detección,  ni te piden  un carnet para entrar y fisgar por tu cuenta. Si necesitas algo, te atienden estupendamente. Además de las zonas donde están los libros, hay sitios para la lectura o el reposo, incluso el sueño.


Koerner Library, abierta hasta muy tarde
Sala de trabajo de la Barber Library







Un trocito de las estanterías de partituras









Por todas partes ves esculturas o murales. Hay dos galerías de arte, el Museo de Antropología de British Columbia, el Museo de Ciencias Naturales, dos teatros, un cine y al menos tres auditorios, entre ellos el Chan Centre for the Performing Arts, uno de los más prestigiosos de Vancouver. Y, lo más entrañable, los pianos que ponen al aire libre a disposición de cualquiera. Curioso, casi siempre he visto a chicos tocando. ¿Será que estudian en mayor proporción que las chicas o que son más exhibicionistas?

Auditorio principal del Chan Centre. Aquí cantamos con el Women´s Choir


Piano preparado para el otoño
Totems en el MOA




















Omnipresentes el césped, los árboles y las flores. Que han ido cambiando poco a poco con el tiempo.

School of Theologie


Main Mall en Otoño







La llamada a la realidad después de tanta perfección corre a cargo de obras de mejora y mantenimiento que ves continuamente en el campus. Son como hormiguitas que trabajan en el verano 12 horas al día, incluso sábados, aunque con bastante pachorra y siempre muchos para lo mismo. Quizás previendo los largos meses de invierno en los que no se puede ni salir a la calle.












También se salva de la perfección mi barrio, que es algo cutre comparado con el resto, aunque cómodo y muy popular entre los estudiantes.



En este sótano hay puestos de comida de distintos países, baratos. La gente se la come en las mesas o se la lleva a casa

Mi casa es luminosa y acogedora




y desde el sillón veo la mañana y la noche. Y también un poquito de mar. Oigo las sirenas de los barcos los días de niebla.






En la  escuela de idiomas he encontrado a gente estupenda, con quienes he tenido una relación fluída y amistosa. Como Ce Gao, que estudia bioquímica en Beijing, las coreanas Ji Eun, Yumi a las que explotan en sendas empresas canadienses como becarias y la ingeniera química canaria Ainoah. Todos jóvenes y peleando por su futuro, que pasa por dejarse un pastizal de dinero y energía aprendiendo la lengua del nuevo imperio. Y he hecho cosas inverosímiles, como juegos de rol, gymkanas o encuestas sobre temas de lo más peregrino por el campus.

Venny, Ryn, Kimie, Rouda, Mohammed, myself, Irene y Misaki en una gymkana por equipos

Y a mayores, la experiencia con el Women´s Choir, que ya he contado.

La compañía en casa, inmejorable, y cuando han venido los chicos, un placer y muchas risas. Aquí he sido feliz paseando, estudiando, viviendo al día y pasando mucho tiempo en las musarañas. Espero que este recuerdo me reconforte cuando vengan peor dadas.















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