sábado, 19 de julio de 2014
En tiempo de nadie
Cuando comienza la tarde de aquí me encuentro rara.
No cambia la distancia espacial -sigue siendo mucha-, pero la temporal pega un brinco y pasa de valer nueve a casi infinito. Los malvados husos horarios -aparentemente iguales- me confinan en un tiempo de nadie, donde no existís, donde no existo, donde la comunicación directa no es posible.
¡Ay si Einstein levantara la cabeza y percibiera esta rebelión de la cuarta coordenada! Quizás tendría que introducir otras muchas para definir no sólo la geometría espacio-temporal, sino cómo la percibimos.
En este tiempo de nadie, que sólo se desvanece por la mañana, quizás, poco a poco, se vaya diluyendo el cordón umbilical que me une con el otro lado de los nueve husos horarios.
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