En el sótano de uno de los edificios hay una serie de puestos de comida barata, rodeando a un espacio con mesas comunes. Se compra lo que a cada cuál le apetece y lo comes allí mismo o te lo llevas a casa. Es un pelín cutre pero muy simpático
Hoy me atreví con la cocina mogola y aunque advertí que fuera poco specy -y así me lo juró el camarero- me la he comido entre lágrimas y moqueos de picante que estaba. Rica, eso sí.
Me faltan por probar la viet, la japo, la griega, la turca…
No hay comentarios:
Publicar un comentario