Este primer mes de mi inmersión lingüística consiste en un curso de cuatro semanas, "English for a global citizen". Y la semana anterior estuvo centrada en los Derecho Humanos.
Una de las actividades consistió en salir por el campus a hacer una pequeña entrevista sobre el tema a tres personas. Nos juntaron con otra clase, y aquí me veis con mi compañero chino Moses (english name) que, por cierto, está muy interesado en que mejoremos nuestro inglés viéndonos fuera del ELI.
Tengo mis dudas sobre qué entienden mis classmates sobre Derechos Humanos. Debieron alucinar con los resultados de las encuestas, en las que casi todas las personas entrevistadas se declaraban partidarias del aborto y de la equiparación de derechos entre parejas heterosexuales y homosexuales. Mi encantadora compañera Gion, coreana, graduada en ciencias audiovisuales y aparentemente supermoderna, me comentó que nunca había pensado en estos temas (en su país están prohibidos).
Sí son sensibles a los derechos de la infancia. El otro día leíamos un informe de la Unicef acerca de una niña sudafricana -Dorcas, de 6 años- que trabajaba junto a su madre y hermanos en una mina de materiales radioactivos. Debíamos debatir cuál podría ser una salida aceptable para Dorcas. Yo argumenté que lo mejor sería que la madre recibiera un microcrédito -de los que ofrecen muchas instituciones- que le permitiese montar un pequeño negocio y sacar adelante a toda la familia.
Chang Yang -un chino listo como él solo y muy pragmático- me rebatió: lo mejor para Dorcas es que la adopte una familia rica que le pueda dar buena comida y una buena educación.
Voy a intentar seguir hablando con él de este tema. Me da la impresión de que en su entorno ha visto más de un caso de niños adoptados.
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