domingo, 20 de julio de 2014

No pero sí

El otro día, deambulando por el campus, descubrí que se estaba celebrando un congreso de la PME (Psychology and Mathematics Education). Nunca he asistido a ninguna de sus reuniones, son muy masivas,  tienen un enfoque excesivamente sicológico y poco práctico para una profesora. Vamos, que tienen fama de ser un rollazo. Cero nostalgia. No sentí ninguna añoranza de situaciones similares.

Pero suponía que quizás estuvieran allí algunas personas conocidas. Me lancé a la web y descubrí varios nombres, aunque ninguno tan cercano que me movilizara.

Esta noche, paseando por el campus, vi de repente la cara luminosa de mi amiga Leonor Santos, portuguesa, un amor de mujer, inteligentísima, trabajadora, guapa, discreta pero incisiva. Nos hemos mirado con incredulidad y hemos acabado fundidas en un largo abrazo. 

Leonor es profesora de didáctica e la Universidad de Lisboa. Hemos compartido proyectos en la CIEAEM (Comission International pour l´Aprentissage et l´Enseignement des Mathématiques) con nuestro llorado amigo Paulo Abrantes y nos hemos visitado en muchas ocasiones. Me dijo que se inscribió en el PME a última hora y por eso su nombre no estaba en la lista de participantes.

Nos conocimos en un congreso en Szczyrk, un pueblo perdido por las montañas polacas, en 1990. Estábamos todos en el mismo hotel, y por la noche nos montábamos juergas para suplir la falta de incentivos del pueblo. Eran cosas muy ingenuas, como que las personas de una misma nación salían a cantar o a representar algo. Salieron los portus -Paulo, Leonor, Joana…- y cantaron Grandola vila morena. Yo, desde el público, les acompañé. Y así se selló una fuerte relación de amistad, a mayores de la profesional.

Hoy Leonor y yo nos hemos emocionado al vernos ¿desde hace 9 años en que estuve en Lisboa en un homenaje que se le hizo a Paulo Abrantes a los dos años de su muerte?  
http://revistasuma.es/IMG/pdf/50/069-070.pdf

Me han venido a la cabeza las muchas horas de trabajo compartidas con el equipo de los portus, serios, rigurosos, muy creativos y tremendamente humanos. Y, ahora sí, he sentido nostalgia de mi profesión y de lo que he aprendido y disfrutado con ella.

Nota: ¡Elena, lo siento! La vida es un pañuelo, al menos para mí












No hay comentarios:

Publicar un comentario