sábado, 19 de julio de 2014

Yo soy la china

Hoy he comenzado las clases en el ELI (English Language Institute) de la UBC. Ninguna sorpresa: mis 25 classmates -provisionales hasta que nos distribuyan por niveles- son de nacionalidad china, taiwanesa o coreana. Tan sólo otro español y una checa. Todos muy jóvenes, entre 18 y 25 años, estudiantes universitarios o de máster

Ha sido el típico día de charloteo y conocerse. Curiosamente, he notado que l@s asiátic@s buscaban mi compañía con mucho respeto. No sé si por la figura materna o porque, en un programa que centra su discurso en la relación con otras culturas, me veían como una de las pocas exóticas del grupo. Se interesaban en por qué quería yo -alejada ya de la competición profesional- aprender inglés. Incluso uno, muy educadamente, me preguntó por mi edad. Su referencia básica sobre España es, por supuesto,  el fútbol.


Aparte de esto, me ha gustado su discurso. Mucho más reflexivo y personal de lo que los prejuicios me  habían hecho esperar. Un chica -hija única como impone la ley- añoraba no estar en China por no poder cocinar para su padres, que trabajaban muchas horas al día; las vacaciones escolares eran su única oportunidad de poder aliviarles en esa vida tan dura. Otra, estudiante de Sicología, reconocía necesitar una reflexión sobre ella misma para poder comprender cabalmente su futura profesión. Otro contaba que el mejor regalo que nunca había recibido fue una bicicleta para ir a la escuela, que estaba muy lejos de su casa. 


Luego he comida pizza con tres de mis classmates en el Student Union Building.

En VCV, una gran parte de la población es asiática, incluso asentada aquí desde hace varias generaciones.  Filipinos, coreanos, chinos… Es más, los primeros pobladores, las Firsts Nations como les dicen -esquimales, inhuits--, eran de procedencia asática.

Vamos, que aquí yo soy la china.

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